Gangsterismo y literatura
La novela negra probablemente no hubiera nacido sin la existencia del crimen organizado, y ha seguido la línea evolutiva del propio gangsterismo. Son los gangsters de la época de la Ley Seca y la Depresión, a finales de los años veinte, los que proporcionan la mejor materia prima al género negro en Estados Unidos. Ellos encarnan el lado aventurero y oscuro de una sociedad hipócrita, en la que el puritanismo de labios afuera va unido al ansia destructiva de ganancia a costa de los más débiles, fundamento del capitalismo salvaje que mueve la noria del dinero delictivo.
El gángster es un personaje consustancial a la sociedad norteamericana, y por tanto a la novela negra que deriva de aquélla. Su mitificación literaria se produce cuando adquiere papel protagonista en las novelas de Hammett, y se rodea con un halo de resolución y tenacidad en obras como «Louis Beretti», de Donald Henderson Clarke, o «El pequeño César», de W. R. Burnett, ambas de 1929, donde aparece el personaje Rico Bandello, inspirador de toda la saga gangsteril de las innumerables variantes de «caracortadas», que llega prácticamente hasta nuestros días. Tanto Beretti como Bandello son hijos de su tiempo y de las organizaciones mafiosas y criminales del sur de Italia. Impelidos por la miseria y la atmósfera opresiva del entorno, son también portadores de un deseo de ascenso social extremadamente individualista que encaja muy bien con los valores por los que se rige el «sueño americano».
Se trata de ganar dinero utilizando la fuerza y la resolución, a costa de lo que sea, como único medio de ascender en la escala social de un país en el cual, a fin de cuentas, no se sienten del todo integrados. Pero, para eso, hay que luchar y eliminar a la competencia, ya que la decadencia y la caída vienen marcadas por la amenaza de los falsos aliados o de los que empujan detrás. En esta especie de «tierra quemada» alrededor, sólo la «familia» (secreta o de sangre) puede ser un asidero fiable, por eso hay que ser ciegamente fiel, hasta matar si es preciso, porque fuera no queda nada y el individuo aislado se convierte en presa fácil.
